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Contenido propiedad de Dr. Psiquiatra Hugo Marietan
después de leer esto, pasa a marietan.com

“Uno son el torturador y el torturado. El torturador se equivoca, porque cree no participar en el sufrimiento; el torturado se equivoca, porque cree no participar en la culpa”. Schopenhauer

Una manera de ser

Este tema está abordado desde el punto de vista clínico, por lo tanto, acentuaremos lo descriptivo.

La psicopatía es una manera de ser, es una personalidad, una variante de los tipos humanos. No es una enfermedad, sino una manera de ser atípica, infrecuente y estridente, por su patrón conductual que desentona, en ocasiones, con el patrón general de conducta de la comunidad.

El psicópata es una persona que tiene un comportamiento distinto porque tiene necesidades distintas que satisfacer. Por eso hace un uso particular de la libertad, crea códigos propios, repite patrones conductuales y tiene necesidades de estímulos intensos. Todo esto analizado desde una persona común que ve al psicópata como a alguien que está, en algunos aspectos de su conducta, desadaptado. El psicópata no tiene un tipo de conducta psicopática en el cien por ciento de su accionar, se muestra psicopáticamente en determinado tipo de relaciones.

Otra característica básica es la cosificación, que implica quitarle al otro los atributos que lo valoran como persona, es decir, desjerarquizarlo para considerarlo un objeto y, desde esta maniobra psicológica, poder manipularlo.

Finalmente, en el acto psicopático grave, el psicópata comete una acción de tal magnitud que ese solo hecho lo describe.

Modos de relación del psicópata

El psicópata tiene, al menos, tres modos de relacionarse psicopáticamente con el otro.

El asociativo: es cuando un psicópata entra en relación con otro psicópata. Este tipo de asociación se da cuando el proyecto que debe realizar lo supera ampliamente como individuo. La relación es tensa y el equilibrio se mantiene mientras persista el objetivo. Hay que recordar que estamos hablando de personas altamente narcisistas, egocéntricas; en consecuencia, el apego que puedan tener sólo lo justifica el objetivo.

El segundo modo de relacionarse con el otro es el tangencial, es decir, cuando el psicópata se encuentra con la víctima ocasional; cuando ejerce su psicopatía en función de una acción de tipo delictiva, una violación, una estafa, por ejemplo. Es un encuentro ‘puntual’.

Otro modo de relacionarse es el complementario: cuando el psicópata encuentra su complementario, o el complementario encuentra su psicópata. La relación es de doble vía y está lejos del preconcepto víctima-victimario; ambos participan activamente para mantener el vínculo. Considero que la persona que logra permanecer junto a un psicópata, no es otro psicópata, como habitualmente se entiende. Yo creo que el que más chance tiene de relacionarse y permanecer con un psicópata, es un neurótico. Estas relaciones son metaestables, se mantienen, pero con explosiones y desequilibrios a lo largo de todo su desarrollo.

El complementario

Insisto en aclarar lo descriptivo de esta exposición, que es extracto de mi experiencia con tratamientos de complementarios que conviven con psicópatas.

Se observa que se forma un circuito psicopático persistente; y pienso que ningún sistema permanece si no cubre una necesidad.

El tipo de necesidad que satisface el complementario con el psicópata, o el tipo de anclaje que hace que esa relación se mantenga, no tiene su base en la lógica, sino en lo irracional.

Cuando se atiende a estas personas lo primero que florece en el discurso es la queja. El complementario utiliza el escenario de la relación terapeuta-paciente para transmitir su queja. No son quejas comunes, son quejas sobre humillaciones, descalificaciones, incluso agresiones físicas. La forma de presentar la queja varía desde la justificación (“Yo lo provoqué”), la minimización (“Me golpeó, pero no es nada”), el detallismo (el detenerse morosamente en describir cada acción), hasta la búsqueda de conmiseración (“¡Cómo me hace sufrir!, ¿verdad?”).

El disfrute secreto

Desde la lógica común, uno se pregunta ¿qué hace esta persona con este psicópata? ¿Qué beneficios saca para continuar en esta relación? Razonando con parámetros lógicos comunes, no se comprende la permanencia de esa pareja. Aún si se analizan con el complementario las circunstancias que llevaron a hechos agresivos, y la manera de prevenirlos, éstos se repiten. Con esto quiero decir que el hacer razonar, el esclarecimiento del porqué suceden las cosas, en este caso, no sirve, porque el anclaje está en lo irracional.

El complementario muchas veces da la impresión de que se relaciona con el psicópata a través de la angustia, o sea que, siguiendo esta premisa, el anclaje sería displacentero. Pero, después de ver a muchos de estos pacientes complementarios, yo pienso que el anclaje es el disfrute, pero no el disfrute del sufrimiento. Es un disfrute inefable y donde el sufrimiento es un efecto secundario de ese disfrute. La persona complementaria nos trae la queja, nos muestra el ‘precio’ del goce, nos muestra el “chichón”3.

Este tipo de disfrute es secreto, en el sentido de que suele ser desconocido (conscientemente) para el complementario, y a veces también para el psicópata. Pero hay algo allí que los une; tal vez en la ‘animalidad’, en lo irracional, haya un goce.

En ocasiones, por el discurso que tienen los complementarios, suelen relacionarlo con algún tipo de disfrute especial, con el sexo por ejemplo; pero eso no consigue justificar el pagar el precio de las humillaciones, las descalificaciones, la baja de la autoestima, el ‘deterioro’ de su ‘persona’. Algunos logran captar que con el psicópata pudieron desinhibir sus represiones; logran realizar lo prohibido.

Inmodificables

Otra característica del psicópata que se debe tener en cuenta es su impermeabilidad a las modificaciones. El psicópata es una persona que puede tolerar mucha presión, puede aguantar castigos, y aún así mantenerse en una posición. Esto obliga al complementario a doblegarse, porque la posición del otro es irreductible; lo pone en la opción de: “es esto o nada”; “tómalo o déjalo… si puedes”. El complementario termina luchando, no contra el psicópata, que es inmodificable, sino contra sí mismo, contra su conciencia del propio valor. Y se obliga a doblegarse. Este obligarse a hacer, en el que ve menoscabada su persona, es altamente doloroso. Pero es mayor el sufrimiento que provoca la no presencia del psicópata, esto hace que el complementario pague la factura y continúe con la relación.

La regla de oro que mantiene este vínculo es la formula: “con él estoy mal, pero sin él estoy peor”. Entre ‘mal’ y ‘peor’, está el disfrute.

Códigos propios

Si se conversa en profundidad con estas personas, se verá que entre el psicópata y su complementario se establecen códigos propios, señas, gestos, que hacen que modifique la conducta del otro. Una paciente me decía: “mi padre me mira de ‘esa forma’ y yo ya sé lo que debo hacer”. Otra paciente decía: “yo lo seguía por detrás, no quería que estuviera a su lado para no comprometerse; sin embargo, por su forma de caminar yo sabía si tenía que pararme o si tenía que estar a un costado o donde sea”.

Autoestima socavada

El complementario tiene la autoestima socavada. Uso el término “socavada” porque la erosión que hace el psicópata sobre el complementario no suele ser una acción grotesca y brutal, sino que, al contrario, puede ser muy por debajo y sutil; va descalificando, desmereciendo, creándole inseguridades (es un juego de un “premio y tres castigos”, en donde no se sabe cuando llega el premio y cuando el castigo, ni por qué) hasta que la autoestima del complementario termina socavada. Decía una consultante: “Yo antes no era así de insegura. Tenía trabajo, proyectos, iniciativa; me manejaba sola. Ahora necesito preguntar todo, hasta las pavadas. Él, a todos mis planes y posturas, le encontraba un pero, un motivo de crítica, un lado negativo. No era agresivo, me hacía razonar, y al final terminaba adoptando su criterio y pensando que mi forma de encarar las cosas era la de una tonta”.

El psicópata no se pasa pensando qué hacer para que el complementario haga tal cosa o tal otra, o qué hacer para descalificarlo y bajar su autoestima. Ni se lo plantea; no es un estratega ni un diseñador de conductas. Es como es. Le sale espontáneamente ese tipo de conducta que finalmente termina haciendo sentir desvalorizado al complementario.

Asimetría intolerable

Se establece una marcada asimetría en cuanto a la consideración del otro. El psicópata ve al otro como una cosa de su pertenencia, a su disposición y sin necesidad de una lógica que fundamente esta postura. Debe ser así y punto. El complementario se considera a sí mismo y a su pareja, como persona. No sabe que está con un psicópata. Pueden parecerle raras algunas conductas, pero no puede salir fuera del sistema para evaluar y concluir: “es un psicópata”. Por considerarlo un igual es que hace el razonamiento equivocado: “no entiendo por qué hizo esto, yo en su lugar…”. Y sufre pensando en un error o esperando una disculpa; quiere ser considerado por el psicópata como una persona, lo cual es una ilusión, algo imposible de lograr. No se puede comprender, empáticamente, la mente de un psicópata.

Contacto cero

¿Cuál es nuestro rol, como terapeutas, en este tipo de relaciones? Cuando el anclaje es fuerte no se puede hacer nada. Cuando se rompe el vínculo generalmente es porque el psicópata deja a su pareja, siendo ésta la posibilidad que tiene el complementario de salir del sistema. Del lo contrario es muy difícil. La otra forma es cuando el hartazgo es muy fuerte en el complementario, o sea que el sufrimiento supera ampliamente a los beneficios que obtiene de su psicópata. Aquí es cuando el complementario pide ayuda. La intervención del terapeuta en este caso, al ser un tipo de relación atípica, debe ser también atípica. No se puede tratar de manera estándar un vínculo que no lo es.

La regla básica cuando se quiere mantener la separación entre un psicópata y un complementario es el “contacto cero”, dado que el anclaje es irracional y apenas se avistan se vuelve a rearmar el circuito psicopático. El terapeuta debe ser creativo y ocupar un papel más activo que el standard para ampliar las posibilidades del complementario.

El límite de las palabras

Ni las palabras, ni las argumentaciones, sirven, ya que el psicópata es buen manejador de las palabras, un mentiroso, y suele ser muy convincente, sobre todo con alguien que desea fuertemente ser convencido, como es el complementario.

Algunas indicaciones que pueden dar resultados son: hacer docencia, que la persona logre entender las características del psicópata; levantar la autoestima, lograr el contacto cero, fortificar lo afectivo con antidepresivos y ansiolíticos (separarse del psicópata produce algo paradójico: alivio y muchísima angustia a la vez).

La manipulación por el agobio

Si el complementario trata de salir del circuito psicopático, como “la cosa” le pertenece al psicópata, éste la persigue psicopáticamente. Por ejemplo, contaba una consultante: “Iba al trabajo y al mirar por la ventana, lo veía en la calle; trataba de hacer una ‘salida’ nocturna y en el mismo lugar ‘aparecía’ él; o al llegar a la madrugada lo encontraba en la puerta esperándome”. El temor a encontrárselo en cualquier parte, a cualquier hora, terminó confinándola en su casa, y aún así la atormentaba por teléfono y con cartas. Es un agobio y presión de tal naturaleza, que genera mucha angustia, por lo cual se utilizan recursos que fueron motivo de charlas anteriores.

El después

¿Qué pasa una vez que el complementario se desliga del psicópata? La experiencia muestra que no vuelve a ser la misma persona después de haber pasado por un psicópata. Una vez que se separa, se trata de que forme nuevos contactos. Pero éstos, si son normales, resultan aburridos, insulsos, poco estimulantes. Puede pasar mucho tiempo antes de conseguir una nueva pareja. Esto dificulta el distanciamiento con el psicópata. A veces logran armar otra pareja con armonía inicial que luego resulta ser otro psicópata. Por lo tanto, una persona que pasó por la experiencia de un psicópata nunca vuelve a ser como antes y sus gustos tampoco serán los mismos. ¿Qué se puede esperar después de haber satisfecho necesidades profundas? ¿La sed, el recuerdo?

Codependencia

Publicado: enero 9, 2011 en Uncategorized
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Todo tipo de pseudo-amor es destructivo;
uno de ellos es la codependencia.

La codependencia puede ser definida como una enfermedad, cuya característica principal es la falta de identidad propia. El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea. Si es dulce y agradable aunque no lo sienta, es porque busca aceptación. Cree que su valor como persona depende de la opinión de los demás. Da más importancia a los demás que a sí mismo. Se crea un yo falso, pues en realidad no está consciente de quién es y está tan desconectado de sus propios sentimientos, que asume la responsabilidad por las acciones de los demás. Se avergüenza por lo que hacen otras personas y toma las cosas de una manera personal. Invierte una enorme cantidad de energías en mantener una imagen o un estatus para impresionar porque su autoestima es muy baja, ya que depende del valor que los demás le otorgan.

La codependencia se origina en las familias disfuncionales y convierte a los miembros de esas familias en personas hiper-vigilantes. Al estar el ambiente familiar tan lleno de estrés debido a la violencia, la adicción al alcohol o a las drogas, las enfermedades emocionales de sus miembros etc; la persona codependiente enfoca su atención hacia su entorno para defenderse de algún peligro real o imaginario. El estado de alerta es una defensa de nuestros cuerpos, algo temporal que nos ayuda a defendernos en momentos de peligro. Pero cuando ese estado se vuelve crónico, la persona pierde el contacto con sus reacciones internas, ya que todo el tiempo su atencion está afuera de sí misma.

Los niños necesitan seguridad y tener modelos saludables para imitar, para poder entender sus propias sensaciones internas. También necesitan aprender a separar los sentimientos de los pensamientos y a generar autoestima ellos mismos desde su interior. Si el niño pierde el contacto con sus sentimientos, tratará de llenar sus necesidades con estímulos externos y se convertirá en un adulto codependiente.

Nota: Basado en informacion tomada del libro “Homecoming” de John Bradshaw.

Cuando una persona vive su vida a través de los demás y a costa de sus legítimas necesidades, va más allá de lo que exige el verdadero amor. Se quema hasta el punto de no quedar ya nada de ella.
Parece un noble empeño ayudar a otras personas que se están autodestruyendo, como en el caso de las esposas o novias de los alcohólicos o adictos a la droga, al juego o al sexo. Sin embargo, olvidamos ayudar a los codependientes.

Todo amor que no produce paz, sino angustia o culpa, está contaminado de codependencia. Ese tipo de amor patológico, de obsesión, es sumamente destructivo. Al no producir paz interior ni crecimiento espiritual, no lleva a la felicidad.

La codependencia crea amargura, angustia, enojo y culpabilidad irracional. El fruto del amor debe ser la paz y la alegría. Si no es así, algo anda mal. Somos imagen y templo de Dios. No debemos albergar en nuestro corazón ni angustia ni ninguna otra emoción dañina.

La codependencia nace de un hambre malsana de amor, quizás provocada por un ambiente familiar en que uno no se sentía amado. Se puede tener un hambre tan desordenada de amor, que nos impida dejar una relación humana negativa.

El dolor en la codependencia es mayor que el amor que se recibe. Hay que tratar de mantener una relación sólo hasta donde debamos y podamos. Debemos procurar mantenernos en la línea del quinto mandamiento de la Ley de Dios. Si una relación humana resulta perjudicial para la salud física, moral o espiritual, hay que cortar. La misma Iglesia Católica permite la separación de los casados cuando la vida en común se hace intolerable.

Una de las características de la persona codependiente es que no confía en la otra persona a la que trata de influir. Esto lo demuestra persiguiéndola, tratando de controlarla, diciéndole lo que tiene que hacer, etc.

La sobreprotección, signo de codependencia, a veces nace de la situación de una madre que ha perdido a su esposo. Hay madres que usan a sus hijos para llenar un vacío.
El codependiente no sabe quién es, lo que siente, cuáles son sus necesidades; vive como un ser vacío.
El verdadero amor promueve el crecimiento mutuo. El fin de todo ser humano no es complacer siempre a otro o ser lo que el otro espera de uno, sino ser el reflejo de Dios para los demás: lo que Dios le creó para ser.

La codependencia aparenta ser amor, pero es egoísmo, mutua destrucción, miedo, control, relación condicionada: “Te amo si cambias”; “Si no haces lo que digo, te recrimino, te persigo, me siento tu víctima.” En la codependencia hay una gran cantidad de manipulación. Es una relación descontrolada: hagamos todo lo que sea para que esa persona se acomode a mí.

En momentos de frustración, la codependencia es abusiva o de tremenda tolerancia del abuso. La persona codependiente permite tanto que no reconoce el abuso cuando lo sufre. Ha llegado a tener una autoestima tan baja, que ya no se da cuenta de que están abusando de ella.
El codependiente necesita dar continuamente para no sufrir culpabilidad, ansiedad, enojo, miedo, etc. Necesita dar, sentirse necesario para tener autoestima. Está dominado por sentimientos enfermizos y no por la razón.
El amor humano debe ajustarse a la razón. Los codependientes se dejan llevar solamente por sus sentimientos. Su autoestima depende del comportamiento o reacción de los demás.
El codependiente debe recibir ayuda profesional y espiritual. Debe amarse ordenadamente a sí mismo, atendiendo a sus necesidades básicas.

Nota: Estos apuntes son de la charla de la Dra. Doris Amaya, psicóloga en la práctica privada en Miami y experta en adicciones y codependencia. Dicha charla fue dada durante un retiro de la Arquidiócesis de Miami, que tuvo lugar en dicha ciudad febrero ll de l996.

“La codependencia es una condición específica que se caracteriza por una preocupación y una dependencia excesivas (emocional, social y a veces física), de una persona, lugar u objeto. Eventualmente el depender tanto de otra persona se convierte en una condición patológica que afecta al codependiente en sus relaciones con todas las demás personas.
“El codependiente tiene su propio estilo de vida y su modo de relacionarse con los demás debido a su baja autoestima. Se enfoca siempre en los demás y no en sí mismo.

La persona codependiente no sabe divertirse porque toma la vida demasiado en serio. Se le dificulta llegar a tener intimidad con otras personas porque teme ser herida por ellas. Necesita desesperadamente la aprobación de los demás y por ello busca complacer a todo el mundo. Siente ansiedad cuando tiene que tomar decisiones porque teme equivocarse. Niega sus propios sentimientos.”
(Extractado del libro “Choicemaking” de Sharon Wescheider Cruse.)

Relación entre infidelidad y celos

Publicado: diciembre 5, 2010 en Uncategorized

En la siguiente encuesta participaron hombres y mujeres de 18 a 25 años (100 hombres y 119 mujeres).

La primera gráfica muestra  a los hombres , el 56% de ellos tienen celos moderados, el 30% celos leves y el 14% celos severos. Los que tienen celos leves, El 70%  de ellos que es la mayoria, tienen una tendecia baja a la infidelidad emocional, y así solo el 7% tiene una tendencia alta a la infidelidad emocional, el 63% de los que tienen celos leves que es  la mayoria tienen una tendecia baja a la infidelidad sexual, y el mínimo, osea el 10% de los que tienen celos leves tienen una tendencia alta  a la infidelidad sexual.
En el otro extremo, los hombres con celos severos , el 36% ( 1 de cada 3 ) de estas personas con celos severos tienen una tendencia alta a la infidelidad emocional y el 50.5 % de ellos  tiene una tendecia alta a la infidelidad sexual. ( que es la cantidad mas alta )

http://www.psicologia-online.com/articulos/2008/10/imagenes/figura4.gif

 

En la siguiente tabla se muestra como las mujeres presentan en su mayoría un nivel moderado de celos. Las mujeres muestran en su mayoría (60%) un nivel de celos moderado y dentro de ellas una tendencia a la infidelidad emocional alta (68.3%). Un valor importante es que dentro de las mujeres con Celos Severos muestran mayor tendencia a la infidelidad Sexual y lo que demostraría como los celos, en las mujeres, esta mas relacionado con la Tendencia hacia la Infidelidad Sexual.

 

Extracto de

http://www.psicologia-online.com/articulos/2008/10/celos_infidelidad.shtml

 

INFO SIGUIENTE PERTENECE A

 http://www.consultoriodemaritere.com/2010/01/la-estrecha-linea-entre-la-obsesion-y.html

La estrecha línea entre la obsesión y la coobsesión

En este blog les voy a compartir mi experiencia personal sobre la coobsesión. Esta se define como aquellas personas que son objetos sentimentales/amorosos de personas obsesivas y que por su naturaleza se comportan de forma tal que fomentan y agravan la conducta obsesiva de la otra persona. Existen claras diferencias entre los obsesivos y coobsesivos: el primero asume el rol dominante y agresivo, es el perseguidor mientras que el segundo tiende a ser pasivo y sumiso. Generalmente, los coobsesivos tienen tendencias obsesivas internas, estimulan a la obsesividad de la pareja a través de la pasividad y ambivalencia. ¿Qué los une? el gran temor al rechazo y el vacío interno causado experiencias del pasado.
Les dejo mi historia…
Hace algunos años me encontraba ahogada en una relación con un hombre realmente obsesivo. Recuerdo que había salido de una relación sumamente dolorosa, desgastante, llena de heridas físicas, emocionales y mentales. Me sentía por debajo del piso, sin alma, sin atractivo alguno, hasta que apareció este tipo perfecto. Podría describirlo como lo más cercano en vida a un príncipe de cuentos de hadas en todos los aspectos, de esos que cualquiera de tus padres no dudaría en darle el visto bueno.
Creo que ni habían pasado 3 semanas cuando ya había expresado sus intensiones de casarse conmigo, hasta hijos, un futuro, casa, quien sabe cuántas cosas más había discutido, que no recuerdo. Desde un principio algo no estaba bien, si había percibido esa intensidad que lo caracterizaba pero me parecía halagadora, ya que en mi relación anterior me había sentido tan vacía y despreciada, como restos de basura, que jamás interpreté esas señales como dañinas. Además me encontraba muy pisoteada e insegura y sus celos me alimentaban el ego, de la manera equivocada pero al menos lo hacía.
Nuestra relación fue a distancia desde el día uno, y aunque estuviésemos lejos se podía sentir las energías tensas sobre mí, haciendo todo tormentoso desde un principio, no coincidíamos en nada, excepto en la atracción mutua que era alimentada por el calor de las discusiones. Durante los siguientes dos años fueron conflictos uno tras otro, así que yo me hartaba del caos y daba por terminada la relación como rutina, pero de alguna u otra forma, el siempre lograba reconciliarnos. Internamente, me decía que esto era mejor que volver a sufrir por ser despreciada…. ahora me había ido al otro extremo.
Era una persona bastante posesiva. opresiva y dominante, a mi me gusta mucho escribir y expresar lo que pienso y siento abiertamente, de paso me caracterizo por ser de mente abierta y algo liberal, cosa que el detestaba y se dedicaba a entrar como oficio a mi página de internet a ver quiénes me habían escrito, qué me habían escrito y hasta censurarme lo que yo redactaba, me sentía viviendo una especie de dictadura. Generalmente, su táctica era llamarme y comenzar a pelearse al punto de colmarme la paciencia y lograr su objetivo.
Era muy celoso de los hombres, en especial de mis amigos y yo soy de tener muchas amistades platónicas con las cuales solemos molestarnos mucho con cierto coqueteo de manera inofensiva, pues el se había encargado de espantarlos a todos. ¿Quién es? ¿Te ha llamado? ¿De seguro quiere acostarse contigo? ¿Te va a llamar? ¿Cuántas veces te ha llamado? ¿Hay algo entre los dos? ¿Qué hay entre los dos? No me creía que no había absolutamente nada, llegó hasta el punto de amenazar física y cibernéticamente a algunos. (que vergüenza)
Se había vuelto un experto en enviarme emails todas las mañanas y si no le respondía para x hora ya se encontraba llamando o mandando 3 emails más para preguntar por qué no le había respondido. ¿salir de fiesta?, fufff!! Eso era una odisea!, salir representaba tener el celular encendido toda la distancia recibiendo llamadas cada 10 minutos y cuidadito si no respondía. Con el tiempo me hice una vieja amargada y la gente a mí alrededor se comenzó a burlar de el, de la situación, y hasta aburrirse de mí. Obvio si era una traumada arruina fiestas!
Su hobbie era saber lo que yo hacía todo el día, con quién estaba, incluso en el trabajo. Era como si siempre estuviese encima de mí, no podía respirar y eso hacía mi resentimiento intenso y por alguna razón no lo podía expresar. Sentía que tenía que rendirle cuenta de mis actos minuto a minuto, así que respondía todo con lujo de detalles y me odiaba cada momento que lo hacía.
Tenía tanta rabia acumulada y no lograba canalizarla de manera saludable, comencé a sentir que no tenía personalidad ni vida propia. Así que no me quedó más remedio que entrar en depresión. Una depresión que me costó pérdida de cabello, trastorno alimenticio, insomnio, llantos esporádicos en medio de la nada, una leve fobia social y quien sabe cuantas cosas…. a veces pienso que esta relación terminó de cultivar malestares de la anterior provocándome todos estos síntomas

Siempre tenía que hacer lo que él decía cuando él quería. En mis vacaciones viajaba a su ciudad en vez de aprovechar y conocer el resto de Europa. Eso me enfurecía más, porque terminaba encerrada en un condominio prácticamente viendo televisión esperando…. esperando… esperando… comencé a alejarme y a levantar un muro a mi alrededor, trataba de quitarle la mano cuando me la quería agarrar mientras caminábamos, esa era mi forma de decirle que YO ERA MI PROPIA PERSONA Y PODIA CAMINAR POR MI MISMA.

Hasta para comerse un corn flakes yo tenía que dejar de hacer lo que estaba haciendo y sentarme al lado de él para observarlo comer. Jamás comprendí tanta necesidad! Pero me lo aguantaba con tal de no regresar al vacío y a la soledad que había experimentado en la relación pasada.
No me quedaba casi nadie, solo un par de amigos, una gran amiga de México, que muchas veces me alentó a dejarlo. Hasta se ofreció una vez a pagarme un boleto de avión de regreso a mi ciudad cuando la llamé para contarle entre lágrimas que le había descubierto varias infidelidades, recuerdo la muy bella me dijo: “¡Pero que haces ahí, ya mismo me meto en internet y te compro el pasaje, vente ya!, no mames que pedo con ese kabrón güey… no tú te montas ya en ese avión para Madrid” Pero yo de muy cobarde decidí quedarme. No fui un ejemplo para mi amiga.
Tenía este inmenso conflicto interno, siempre estaba abrumada y presionada porque se entrometía en todo, pero al mismo tiempo en mi mente pensaba que era peor sentirse un cero a la izquierda como viví en mi relación pasada. Pensaba que al menos ese desquiciado quería todo lo mío para él y cuando se ponía celoso sentía lo mucho que significaba para él, todo ese temor… amor lo que sea, era simplemente excitante.
ERA ENLOQUECEDOR!!!, ME SACABA DE QUICIO VERME ENVUELTA EN UNA RELACIÓN DONDE AMABA TODA ESA SOBRE ATENCIÓN QUE TANTO ODIAB…. realicé que me había vuelto una coobsesiva
A pesar de estar harta y ofuscada con él y sus obsesiones, nadie me estaba forzando a hacer estas cosas, nadie me estaba obligando a permanecer en la relación, yo estaba enferma, yo era una adicta a la intensidad y a todo ese drama, yo hacía cosas para alentarlo a que siguiera siendo así, jamás lo detenía, seguía provocándolo, volviéndolo cada vez más intenso. Le seguía el juego barajando entre el rechazo y aceptación. En un momento le decía: “te odio!! No te quiero volver a ver, esto ha acabado, déjame respirar” y en vez de mantenerme fuerte y tajante ante sus escenitas melodramáticas, corría llorando a su lado diciéndole: “ok, si! Si! Esta bien te amo.. perdón! Perdón! Era mentira” ese famoso juego de la ambivalencia me lo sabía muy bien.
Nadie me obligó a estar ahí, yo me enrollé, hasta el último momento fuí incapaz de terminar la relación de manera correcta y definitiva, fue él en su momento más desaforado quien la dio por terminada por primera vez en toda la relación. Y a pesar de que intentó darse la vuelta en alguna ocasión, para mí fue la movida más favorable para que toda la culpa y carga moral no cayeran sobre mi, porque yo era  tan cobarde como para enfrentarme a ese tipo de tareas tan demoledoras.
Hoy en día, he aprendido mucho sobre las obsesiones y sigo trabajando sobre mi misma, en otras personas tanto obsesivas, coobsesivas y víctimas de obsesiones. Sín duda es un camino largo, con tropezones que debe manejarse con el apoyo profesional. Lo más importante es traer a conciencia la situación y evitar racionalizar con pretextos y excusas dichas crisis. Mis vivencias me han permitido empatizar y entender a profundidad lo que viven las personas que se ven envueltas en estos círculos viciosos.
En mi evolución, me ha tocado ser la persona obsesiva, luego la coobsesiva para hoy en día practicar un estilo de amor sano, es un camino difícil y todos los días trae retos pero sigo encaminada, sigo encaminada a reconocer, tolerar, manejar y responsabilizarme de mis propios pensamientos y emociones, en vez de atribuirselos a un externo.
Después de haberles compartido mi historia se preguntarán cómo saber si eres un coobsesivo. Debes responder Si o No en base a tu relación de pareja en el día a día:
1. ¿Te sientes culpable cuando defiendes tus puntos de vista o cualquier derecho tuyo en tu relación de pareja? (o el solo hecho de pensar en defender tus derechos te hace sentir egoísta, así que ni los mencionas)
2. ¿Tienes sentimientos encontrados por las atenciones de tu pareja? (halagado e invadido a la vez, enamorado y desenamorado, con ganas de decirle pero agustiado de que te inspeccione, confianza y tensión)
3. ¿Te excita sexualmente el drama, la intensidad y lo impredescible de la relación? (el toque de telenovela)
4. ¿La relación de tu pareja es prácticamente bipolar ya que se alterna entre sentimientos de pasión u opresión?
5. ¿Te gusta estar con tu pareja un segundo y al minuto te sofoca su presencia?
Si respondiste Si a al menos 2 de estas preguntas es muy posible que seas una persona coobsesiva.
Si tiene alguna duda o inquietud sobre el tema no dudes en contactarme a info@consultoriodemaritere.com
Un fuerte abrazo,
Maritere

“Quien busca la felicidad fuera de sí es como un caracol que caminara en busca de su casa.”

“O el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado”

“La verdad os hará libres”

“Ningún hombre es feliz a menos que crea serlo.”

“El hombre, por lo común, sólo sabe reconocer su felicidad en la medida de la desgracia que ha experimentado.”(superaste mas cosas que las personas en común eres mas fuerte pues, aprendiste y te enriqueciste..)

 

NO DEBES HACER CREER A OTRO ( NI CREER ) QUE DE EL DEPENDE TU FELICIDAD PUES NO ES ASI, TU FELICIDAD SOLO DEBE DEPENDER DE TU DESICION , Y SI ACASO DE TUS BUENAS ACTITUDES QUE SALEN DE TI, Y NO ALREVEZ…….es DE ADENTRO PARA AFUERA…

 

 

 

y al final de tanta pasión……

 

La felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante. Antonio Gala

—-si eres catolica te recomendamos leer la oracion de la serenidad diariamente–

Dios concédeme la

Serenidad para aceptar
las cosas que no
puedo cambiar…

Valor para cambiar
aquellas que puedo y

Sabiduría para reconocer
la diferencia…

Ejemplo de relacion destructiva

http://www.proa.org/exhibiciones/pasadas/rivera/salas/rivera_fotos_1.jpg

Frida Kahlo y Diego Rivera: un claro ejemplo de relación obsesiva y desgastante.Primero porque se da el grandísimo error de subestimar los límites de la obsesión. Las personas al principio se sienten halagadas por tanta sobre atención de parte de la pareja obsesionada, que hasta suelen interpretarlo como señales de amor. Además de que siempre hay algo de narcisismo dentro de estas dinámicas de relaciones (soy el mundo de esta persona, soy su máximo), lo que alimenta el ego aunque sea de una forma enfermiza.

Segundo, este tipo de relaciones no tardan en volverse viciosas, paranoicas, a la defensiva, en un juego constante de “el gato y el ratón”, a la insatisfacción e insaciabilidad. Lo que hace que uno esté constantemente liberando químicos como la adrenalina, que producen el mismo efecto que el consumir cocaína. Por eso es que hoy en día vemos a muchas personas envueltas en relaciones tormentosas, porque sencillamente son adictos, adictos a sustancias, a la subida y la bajada que produce cualquier metanfetamina.

¿Por qué creen que a muchos alcohólicos anónimos o a toxicómanos en rehabilitación se les exige como parte del tratamiento no involucrarse sentimentalmente por un buen periodo de tiempo? Por esto mismo, ya que si entran en el enamoramiento o en las pasiones y obsesiones, recaerían de una al solo sentir un poco de “boost” químico.

Tercero, porque las personas obsesionadas en una relación suelen mandar el mensaje de: “NO PUEDO VIVIR SIN TI”. Con esto establecen claramente que su pareja es el/la responsable del bienestar total de la persona. Y como todos sabemos, esto es una carga moral sumamente pesada, ya que en esta vida nadie necesita a un necesitado. Pero la persona que se encuentra enganchada en la relación se siente moralmente reprimida, muchas veces reafirmando “tengo pavor de dejar a mi pareja porque luego se mata, mata a alguien o se derrumbaría… yo en verdad quiero lo mejor para el/ella y no quiero ser la causa de su destrucción”.

Cuarto, otro aspecto importante y que influye de manera poderosa son las experiencias previas de la persona que se encuentra en una relación obsesiva. Puede que esta persona haya tenido un pasado de muchas desilusiones, de malos tratos, de pobres atenciones, entre muchas cosas. Y que de repente se encuentre en una relación que representa completamente el polo opuesto, por lo que muchas veces se repiten: “prefiero aguantarme estos excesos a pasar a ser nada para nadie”.

En estos casos, es muy importante trabajar terapéuticamente con la persona a manera constructivista para que vaya fortaleciendo su identidad por sí misma y no en base a sus relaciones con otros. A estas personas les llamaremos coobsesivas, ya que en el fondo necesitan esa sobre atención que tanto odian.

(ESTE ARTICULO ES BUENISIMO …EL autor no recuerdo si tu lo eres deja tu link porfavor)